La espina bífida es un defecto congénito que ocurre cuando la columna vertebral y la médula espinal no se forman adecuadamente; hay varios tipos, pero el más frecuente (y el más grave) se llama mielomeningocele. Lo que ocurre es que la columna vertebral y el conducto vertebral no se cierran bien, lo que hace que las membranas y los nervios raquídeos salgan por la abertura y formen una bolsa que deja expuestos los tejidos y los nervios.

A ello se asocia un trastorno conocido como malformación de Chiari, que empuja hacia abajo el cerebro a través de la base del cráneo; esto puede llevar a la acumulación de líquido en el cerebro, lo que a su vez causa una afección conocida como hidrocefalia, informa la oficina de Prensa de la Mayo Clinic, organización sin fines de lucro, dedicada a innovar la práctica clínica, la educación y la investigación.

Cuando se dejan estas afecciones sin tratar pueden llevar a discapacidades serias, que varían desde trastornos intestinales y vesicales hasta problemas de movilidad y parálisis. Para tratarlas e intentar solucionar algunos de estos problemas, normalmente se recurre a cirugías a lo largo de la vida de estos pacientes.

La buena nueva

Ahora, un estudio realizado por Rodrigo Ruano, director de la División de Medicina Materno Fetal de Mayo Clinic, descubrió que la cirugía fetal para corregir esos defectos restablece más eficazmente la estructura neurológica que la intervención quirúrgica después del nacimiento.

“Descubrimos que no sólo cierra la columna, sino que -más importante aún- mejora la estructura del cerebro y la anatomía cerebral. El estudio muestra que es posible regenerar la estructura del cerebro para reencaminarla hacia un mejor desarrollo”, comentó

“La hipótesis es que si se cierra el defecto de la columna del feto dentro del útero, se evitan la inflamación y el traumatismo de los nervios, y se detiene la fuga de líquido cefalorraquídeo por la base del cráneo. Nuestro estudio mostró que después de la intervención, el cerebro se recuperó por sí solo y evitó una acumulación grave de líquido”, añadió.

El estudio

Ruano y su equipo hicieron las intervenciones cuando los bebés tenían ente 23 y 26 semanas de gestación. Las resonancias magnéticas de seis semanas después, con los bebés aún en el vientre materno, mostraron que la estructura cerebral se había restablecido. Todos nacieron por cesárea a las 37 semanas de gestación y sin complicaciones; ninguno requirió derivación para drenar el líquido desde el cerebro.

Pero, destacan, queda por investigar los beneficios de la cirugía abierta y dentro del útero, que requiere hacer una incisión uterina de mayor tamaño, frente a la cirugía fetoscópica, que se realiza mediante dos incisiones pequeñas.